¿20.000 euros por un perro? ¡Su olfato lo vale!

Encontrar oro con olfato propio es una destreza envidiable, y es precisamente lo que hacen los perros que cazan trufas en Istria. La trufa es uno de los ingredientes culinarios más preciados, pero para poder disfrutar de numerosas delicias istrianas elaboradas con ella, se necesita la ayuda de una de las razas de perro más caras del mundo, la lagotto romagnolo, también conocida como el perro trufero.

Las trufas son hongos excepcionalmente preciados, que crecen a una profundidad de entre cinco a treinta centímetros bajo tierra. Su aspecto recuerda a la patata, lo que es, de hecho, su única característica vulgar. La trufa tiene un aroma característico y penetrante, razón por la cual los mejores chefs del mundo la añaden a sus platos estrella. Su escasez y su difícil cosecha la convierten en un ingrediente muy codiciado, pero su aportación a los platos y a la gastronomía local istriana justifica su alto precio.
Según cuenta la leyenda, hemos de agradecer la existencia de la trufa al dios Júpiter, quien golpeó un árbol de roble con su relámpago. Además de crear así uno de los alimentos más preciados, es gracias a Júpter que la trufa presume de su halagador título de afrodisíaco.

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Bajo la tierra del bosque de Motovun, alrededor de la encantadora localidad medieval del mismo nombre, se esconden trufas que merecieron mención en el libro Guinness de los récords. Vista la cantidad de trufas por estas tierras, en este valle seguramente pisarás sobre el oro culinario. Fue precisamente aquí donde se encontró una trufa blanca de más de 1,3 kilos. Cuando a un hongo le ponen nombre propio, se puede decir que es importante. Fue precisamente eso lo que le pasó a una trufa, la Tuber Magnatum Pico, vendida en una subasta de Sotheby por 61.250 dólares. No está mal para una “patata”, ¿verdad? Por eso no sorprende que los mejores perros truferos cuesten hasta 20.000 euros.

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El otoño es la temporada ideal para buscar la más preciada de las trufas, la trufa blanca. Debido a su escasez, esta caza se compara a menudo con la búsqueda de un tesoro. Tú también puedes tentar la suerte aunque, si eres más de sentarte y comer, bastará con visitar entre septiembre y noviembre los Días de trufa de Istria, o dejarte en cualquier otra fecha en las manos de los chefs de numerosos restaurantes locales.

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Cuando un valioso (y caro) perro encuentra la trufa, la entrega en las manos de excelentes cocineros y entonces viene la mejor parte: la degustación. La gastronomía istriana es única en el mundo por su oferta de trufas negras y blancas frescas durante todo el año. Aquí hay trufa siempre. Los mejores platos suelen ser los que más fácilmente se preparan: trufa rallada sobre una pasta casera o trufa con huevo revuelto, la famosa fritaja. Tampoco cometerás un error si la degustas en una combinación mediterránea con pescado o gambas, o también con carne. El sabor especial que la trufa aporta a cualquier plato seguramente permanecerá en tu memoria, aportando un sabor y aroma intenso al recuerdo de Istria.

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Si te gusta el dulce, en días de calor podrás refrescarte también con un helado de trufa. Eso es, ¡un helado! Otra tendencia nueva es el soufflé de chocolate, con láminas finas de trufa, que los sibaritas locales llaman la eucaristía istriana. ¡Aleluya!

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